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oct 25

Maritza Torres: “Mi sueño es que en cada parroquia de mi país, haya una casa de parto, y que sea un punto de referencia para la preparación prenatal y la sexualidad”

La experta señala que la forma en que nacen los bebés tiene una gran relación con la violencia desatada en nuestro país, destacando que al dar condiciones más humanas en momentos tan vulnerables, se generarán cambios positivos en Venezuela.
 
Por: Aura Arelis Pereira
 
Una mujer con 10 años de experiencia acompañando a las familias en su transformación hacia una “mater-paternidad más humana” -como ella misma lo denomina-, y que ha presenciado el nacimiento armónico de más de 100 bebés en clínicas adaptadas a la naturalidad, es la que hoy nos hace reflexiones profundas en cuanto a la necesidad de  cambiar la forma en que nuestros hijos e hijas están llegando a este nuestro país. Una problemática que no es sólo Venezolana, la violencia ginecobstétrica en los hospitales y en las clínicas, está presente en muchos países, pero ¿sabemos todas y todos las consecuencias de esos procedimientos?, grandes Instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), han advertido acerca de esto y han realizado grandes campañas en países subdesarrollados, rumbo a mejorar las condiciones materno-infantiles para alcanzar las metas del milenio.
 
Dicen que la violencia genera más violencia, por lo tanto, algún efecto ha de tener la que se dispensa desde antes que un bebé nazca, ¿Crees tú que la forma en que estamos atendiendo los nacimientos y el embarazo de las mujeres  en Venezuela, tiene relación con la violencia presente en muchos espacios?
 
—Es tal la relación, que en Venezuela se aprobaron por primera vez en nuestra historia, leyes que hacen alusión a la violencia obstétrica. Entre esas, la Ley en contra de  la violencia hacia la mujer, que incluye además, el tema orientado a que la mamá y el bebé tengan alojamiento conjunto. La relación que hay entre cómo nacen nuestros niños con la violencia, es total. A mayor respeto, consideración, armonía en el momento de la concepción, la gestación, el nacimiento y la crianza, mayor posibilidad tenemos de formar un ser humano, con elementos que le permitan responder de manera pacífica y armoniosa a los retos de la vida. Esa forma abrupta institucionalizada para padres, mamás, bebés y personal médico, en donde todo tiene que ser rápido, termina siendo violenta y por tanto iatrogénico, -se refiere a algo que fue hecho para el bien y termina haciendo daño-. Y así son los procedimientos durante la gestación y el nacimiento, todos esos protocolos, recursos médicos y técnicos que se hicieron para mejorar y hacer más placida la maternidad, terminaron siendo una tortura.
 
¿Cómo debería ser orientado un embarazo y un parto, de manera que pudiese contrarrestar un poco esas prácticas violentas que están institucionalizadas?
 
—El tema está en la conciencia, en la medida que se expande, se profundiza y se hace tangible, -y no algo místico-,  nos permite vincularnos concretamente con lo que estamos viviendo. ¿Qué crea conciencia? Los elementos que nos conectan con lo que nos favorece, poder elegirlos con libertad, poder tomar decisiones firmes en torno a  nuestro embarazo, parto y crianza de los bebés, para así disminuir la presión externa que nos obliga a definirnos por alguno de ellos. Así debe orientarse, dejar a la mamá  y el papá hacer y ser.
 
 
El caso de las personas que quizás van a una clínica es que pueden controlar algunas de esas variables, pero en el momento que la mujer tiene que asistir a un hospital público, todo es muy diferente, ¿cómo una mamá minimiza los impactos de los procedimientos que al parecer son tan violentos en los espacios hospitalarios?
 
—A pesar de que el sistema de salud es medicalizado, por otra parte están surgiendo otros modelos, como las casas de parto para embarazos de bajo riesgo;  sería importante conocerlos antes de que se llegue el día del parto. Allí las condiciones son menos agresivas y brindan otras posibilidades.
 
Una de las estrategias que sugerimos a las mamás  y papás, es confiar, confiar en el cuerpo, en el bebé y permanecer el mayor tiempo en otro espacio que no sea el hospital. Si viven cerca, es mejor estar en casa, si han tenido la posibilidad de pasar por una preparación ya sabe qué hacer, pero si no, confiar. Caminar a los alrededores de la maternidad, irse a un parque y respirar. Confiar en que los bebés tienen su propio proceso, su ritmo, nunca salen como corcho de botella. Cuando ya las contracciones vayan una tras otra, cuando ya sienta cambios significativos, allí sí debe entrar al hospital. La mujer necesita entrega, no controlar con la mente. La mamá consigo y con su cuerpo, para parir con placer. La clave es confianza en la naturalidad y el cuerpo.
 
Ampliando más el panorama de lo que conversamos, si lo vemos en macro, en nuestro país diferentes gobiernos y organizaciones se han realizado programas para ir cambiando la realidad en torno a esto ¿Crees tú que se han logrado cambios cualitativos en esta materia, a pesar de los esfuerzos que se han realizado?
 
—Sí, es innegable, cada vez más, hay espacios públicos e instituciones privadas que van trabajando en función del parto, el nacimiento, la lactancia y la crianza. Por ejemplo, en Maracay hay un centro que es una sala de parto natural. La pregunta es ¿por qué no se han generalizado?, ¿por qué hay sectores en el gremio médico que están convencidos, en que  dejar a la mujer que haga lo que quiera no es seguro?  En Caracas hay muchas instituciones, entre esas Buennacer, con 25 años preparando a los padres y madres para que se empoderen de su experiencia.  Ya estos padres van recobrando su confianza y van en condiciones diferentes, son capaces de buscar la experiencia que desean. Lo lamentable es que cuantitativamente, quizás no es lo que esperamos.
Si tuviéramos la posibilidad de extender en Venezuela esos programas de atención prenatal orientados a la humanización del parto y el nacimiento en forma masiva,  ¿crees tú que nuestra Venezuela pueda cambiar en unos 15 años en relación a los niveles de violencia que existen actualmente?
 
—Sería un milagro, porque todos esos niños y niñas que se tomen su tiempo, que puedan ir a su ritmo, que nazcan con su propias herramientas y se les permita ese apego inmediato, ya vienen con un 80% de posibilidades de lograr todo lo que ellos se propongan en la vida. Y si aparte de eso, se les permite estar pegados a mamá, escuchando su corazón y sintiendo su calor; ¡a ese ser, quien le va a meter miedo en esta vida¡ ¡Nadie! Pues ha aprendido desde la vivencia, no desde el verbo y una experiencia de ese tipo, tiene que tener como resultado un ser humano más feliz, armonioso, completo. Esta es la garantía de la paz, Michel odent dice: para cambiar la sociedad hay que cambiar la manera de nacer. Eso marca la pauta.  
 
Si hoy tuvieras la posibilidad de ser Ministra del Ministerio del Poder Popular para la Mujer, y estuvieras en este momento en la discusión del presupuesto, ¿cuál sería la medida más prioritaria en torno a lo que hemos venido conversando?, ¿que nó dudarías proponer en ningún momento?
 
—Estoy en absoluta certeza, que mostrando argumentos científicos, estadísticos y vivenciales, de las ventajas que resulta para un país, garantizar a la población en general,  a las familias, espacios respetados en donde la mujer y el padre vivan la experiencia de mater-paternidad, de una manera plena, sostenida, acompañada adecuadamente, yo estoy segura, que me dirían que sí. Este presidente y cualquier otro que haya en nuestro país, si se respeta, tiene que decir que sí.
 
Mi sueño es que por lo menos, en cada parroquia de mi país, haya como mínimo una casa de parto, donde sea un punto de referencia para todo lo que tiene que ver con la preparación prenatal y la sexualidad. Un espacio en donde pueda parir  la mujer sin problemas, tranquila.
 
Por otro lado, en cada barrio, cada comunidad, se debe preparar a la familia para la concepción, ¿desde dónde nos decidimos ser padres y madres?, ¿desde un accidente?, ¿desde una fiesta?, ¿desde una situación desconectada del amor y la conciencia, la responsabilidad? Si nosotros garantizamos un espacio en cada sector,  en donde la sexualidad y la familia  sean  temas centrales, donde los jóvenes se familiaricen con estos,  donde las madres reciban preparación, la  cultura de la paz tomará fuerza.
 
Así como hablamos del tema de la inseguridad, del trabajo, de las mesas técnicas del agua, también es necesario y vital un espacio donde se hable de la familia, la familia es el nicho donde se desarrollo todos los demás aspectos  de la vida. Es la mejor manera de prevenir y la mejor  formación del nuevo republicano, de la nueva sociedad que todos queremos vivir, donde realmente vamos a crear la cultura de paz.
 
 

1 comentario

  1. Alexandra Guerrero

    Mil gracias desde lo más profundo de mi corazón. Muy de acuerdo con el escrito y muy agradecida de su trabajo. Cuenten conmigo para su labor. Estoy en ese mismo camino.

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