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mar 29

Suplicio electorero “2012”

 

Dedo de votacion

 

Por: Aura Arelis Pereira

 

3:31am. La silenciosa madrugada, se despierta con el ensordecedor sonido de fuegos pirotécnicos de alta potencia rompiendo la quietud de los alrededores. Un vehículo avanza lentamente por la avenida perifoneando como quien vende frutas o vegetales de temporada, pero en esta oportunidad, cumpliendo con la proverbial costumbre adoptada desde hace varios procesos electorales. El acto pareciera como una suerte de ritual chamánico, o una especie de doce campanadas decembrinas sin año nuevo. Resuena y hace eco las voces de aquel personaje de Sabaneta, despiertan a todo aquel que yace en el sector, le guste o no.  Veo el reloj, los ojos adoloridos del madrugonazo forzado me permiten ratificar, que en efecto, no es la hora programada en mi respetuosa alarma digital. Una vez más, la almohada hala mi cabeza para continuar el reposo, nada calmo. En los subconscientes de muchos de las  18.903.143 personas convocadas para las esperadas elecciones 2012, este proceso es capaz de robarle el sueño, la paz y el aliento.

5:00 am. 15 minutos antes de la hora programada para despertar, el pensamiento me hace consciente, y me adelanta a mi fiel reloj; suena la alarma. Al igual que en mi casa, en muchos hogares venezolanos el olor a café caliente y recién colado, sin pedir permiso, entra en las habitaciones, su aroma lleva un “Mensaje a García”. Con la “misión imposible” a cuestas, todos salen medio dormidos de sus habitaciones.  Es domingo y  el alba permite ver la transición entre la noche y el día. Luego de lo acostumbrado cada mañana, no queda sino esperar en la ventana el momento oportuno para escapar a los miedos y rumores de inseguridad, corriendo como fieras en la calle, apenas transitada.

6:15 am. La cola. La vuelta a la manzana me dice que este proceso será concurrido y que la gente no come cuento. Así que grupos de cinco, tres personas, niños, niñas, ancianos y ancianas, todos, en grupos variopintos siguen llegando. La peculiar contienda se adorna de sillas, protectores solares, cavas con líquidos refrescantes y comidas ligeras, todo bajo la presumible espera de largas horas. La amenaza de lluvia mantiene fresco el ambiente que se calienta de a ratos, con simpatizantes, que en esfuerzos de último momento, se paran frente al centro de votación sonando música de campaña. En la cola, ya algunos parecen estatuas vivientes con paraguas y gorras. El tiempo transcurre y nadie se mueve de su espacio, salvo para avanzar, los pasos que le acercan al objetivo trazado: votar temprano y marcharse a casa. El sol calienta, dobla a la gente en la búsqueda de un poco de sombra que aminore la sensación de quemadura, pero la socialización y el análisis de lo que sucede en el panorama electoral, le sirve de aliciente cuando el paragua no le favorece. Pasan lentamente los votantes y parece acercarse el momento esperado.

10:00am. Llega la decisión suprema. La famosa captahuella ve finalizada su nefasta función y se abren los caminos de Moisés. El clima tenso reina en las salas, los guardias como fieras cautelosas miran con desconfianza, sólo uno con acento andino, jefe de todos ellos, trata de socializar con la gente ansiosa y explica los infortunados retrasos. En la cola, muchos se miran como tratando de adivinar el voto, tratando de sacar su propio exit poll. Los voluntarios que organizan, lucen novatos, sudados y nerviosos, y tal cual madre primeriza, en sus rostros se nota el desconcierto ante las preguntas punzantes de algunos electores. Respiran, y forzan palabras amables que salen de sus bocas, con el contenido deseo de gritar: ¡Qué bruto eres!, ¿¡qué, no, entendiste!?  

10:20 am. Nos recibe una señora adulta, vestida con ropa fresca y un maquillaje que luce con coquetería. La emoción se lee en su mirada, pero su proceder trasmite ansiedad y nerviosismo, se nota, pues repite insistentemente el motivo del retraso y la necesidad de que mantengan la calma. Mucha gente está en las distintas filas, y el olor a café recién colado esparcido en toda la sala, me recuerda el propósito del “Mensaje a García”, lo huelo pero no lo veo, con tanta espera, ya hasta me atrevo a pedir uno para aquietar los sentidos. 

— ¡Mesa 4! Se escucha en el fondo. El corazón late, la mente dice: ¡estamos cerca!, ¡ya sabes cómo es la cosa! Todos pasan al lado con una sonrisa cómplice mostrando su dedo teñido. Parece señas entre un pitcher y su bateador estrella en plena temporada de beisbol, en medio de un inning crítico, todos saben que esta jugada puede hacer perder o ganar a su equipo. Avanzamos. Atrás en las mesas la gente se presigna, da plegarias, convierte el momento civil en un acto religioso digno de un creyente frente al Sagrario, sabe que no puede fallar, siente que tiene un deber con su patria y su visión.

Ha llegado el momento. Los miembros de mesa, testigos de mi cumplimiento cívico, verifican mis datos. Justo en ese instante, mi mente se nubla y siento como si estuviese dentro de una cápsula de vidrio. Un hombre de tez morena clara y cabello oscuro, a quien llamé el presidente de la mesa, me pregunta: — ¿Sabes el procedimiento? Le contesto: — ¿Sabes qué? Pensé que sabía, pero vuélveme a explicar. Fue sólo una artimaña para dar tiempo de respirar y bajar los nervios que subían como la espuma de una popular cerveza. Amablemente me sonreía; era elocuente, culto y amable, mientras yo, sólo miraba su extensa sonrisa y no pensaba en nada más, hasta que pregunta: — ¿Comprendiste?, ¿estás lista? Me recordó la conocida escena de secundaria, cuando el profesor pregunta si has entendido, y quedas perplejo, petrificado ante tal planteamiento, respondiendo en automático: ¡sí! Aunque en el fondo sabes que no.

Hora “0”: camino hacia el paraban de cartón que muestra las letras del Órgano rector de este suplicio electorero: CNE. Llego a la máquina, me intimida y me repito: no metas la pata, respira y procede. El personaje de la sonrisa me mira y asiente: -¡está listo!, ahora puedes votar. Veo la tabla, el botón, las luces, la pantalla, la foto y el recuadro esperado: “Votar”. Respiro, pulso el botón y la alegría se apodera de mí mientras escucho la impresión del papel; el cansancio, el sol, la cola y todo lo demás, se olvidó en segundos. Llego entonces a la única urna que a cualquiera le causa agrado ver, la urna electoral. Deposito mi papeleta y doy cierre al ciclo que inició, a las 3:31am del día domingo 7 de octubre del 2012.

 

 

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