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sep 10

En la lactancia: “Eres poderosa. Cuando das pecho eres diosa…”

#Historiasdelactancia

 

Contando historias de lactancia @mamaaldia

 

"Al dar teta a mi hija, encarno a la Tierra, asumo en cuerpo y alma la plena conciencia de mi condición mamífera"

Por Maria Querales

Pasada dos semanas después del nacimiento de mi segunda hija Aluna, mis pezones estaban agrietados, ensangrentados, llenos de costras. El dolor era paralizante, lloraba día y noche. Cuando mi bebé despertaba, me ahogaba un inmenso temor y me decía: "¡otra vez a dar pecho!, ¿cuándo pasará?

Mientras amamantaba mis lágrimas corrían por mi rostro y la frustración me embargaba. Una noche, Aluna se resistió a mamar y lloraba incontenible e inconsolablemente. Gracias a Dios mi instinto me llevó a arrullarla hasta el amanecer. Sin embargo, su comportamiento no cambió al día siguiente y no se prendía a mi pecho. Era desesperante ver que no podía hacer más y que nada podía canalizar el reencuentro entre ella y yo.

Los peores temores llegaban a mi mente: no tengo suficiente leche, no estoy haciendo bien las cosas, en fin, se abrió el camino a todos esos mitos antilactancia que todas y cada una de las mujeres hemos escuchado y dado por ciertos.

Mi pesimismo tomó forma de resignación y me decía: ¡esto no va a funcionar!, ¿para qué me sirvió toda la información procesada sobre los beneficios de la lactancia y escuchar historias sobre el placer de la lactancia?

A pesar de todo, mi voluntad -forjada en la disciplina con la sagrada medicina ancestral indígena del yagé- no se doblegó y luego de conversar con amigas experimentadas y especialistas en lactancia, decidí buscar dentro de mí la razón de esa crisis. Descubrí algo increíble, este comportameinto estaba ligada al hecho de no recibir pecho de mi madre, una falta que llevaba dentro de mí y que afloró en el peor de los momentos, lo cumbre era que ese mismo capítulo ocurrió con mi primera hija, Valentina.

Nuevamente me tocó enfrentar esta situación, muchas personas dejamos inconclusos estos episodios permitiendo que nos debilite, y ese vacío existencial resulta muy fácil de cubrir con algo artificial, sustituyendo el amor por el biberón. Pero en mi caso, a diferencia de la primera vez, estaba conciente de lo que estaba ocurriendo

Al tomar conciencia, me armé de algo más fuerte que el valor; el amor. Amor al infinito poder creador y sanador que llevamos las mujeres adentro. Tenemos la posibilidad de dar vida, ¿qué más amor hay en esa verdad? Por eso para mí amamantar significa conectarse con lo que somos, reconocerme en esa inmensa satisfacción que es ser mujer, madre, Pachamama.  Al dar teta a mi hija, encarno a la Tierra, asumo en cuerpo y alma la plena conciencia de mi condición mamífera, del legado humano al cual rindo cuentas como mujer contemporánea, que defenderá como guerrera del arcoiris, su derecho y deber de dar vida y preservarla con el arma que el universo creador le obsequió: mis pechos sagrados.

Por eso, amiga, cuando decidas dar vida, sobre todas las circunstancias, sobre todas las vicisitudes, sobre todos los temores y angustias pon esta verdad: Eres poderosa. Cuando das pecho eres diosa, hecha a imagen y semejanza del universo. No te rindas y reencuéntrate con tu sentir supremo. Cumple tu misión y ya nada se interpondrá ante tí y tus hijos o hijas.

 

María Querales (Caracas- Venezuela)

 

 

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