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feb 02

Berrinches y niños

 

Berrinches y niños

Por: Aura Arelis Pereira

¿Cuántas veces te ha pasado que tu hijo te arma un berrinche justo cuando estás más apurada o preparándote para hacer una diligencia?, y ¿cuántas de esas veces no le respondes de mala gana, amenazas con correa, gritos o zarandeada?

Qué te parece si reflexionas un poco en esto. Si sintieras rabia incontrolada por algo que te desagradó ¿justificarías que para controlar esa ira tu pareja te gritara, te amenazara con golpearte al llegar a casa –pues ya sabes lo que va a pasar-, todo esto en medio de un sitio público?, ¿qué sentirías? O por ejemplo, si en tu lugar de trabajo tu supervisor te hace rechinar de rabia, ¿le armarías un escándalo y le dirías desde barriga verde hasta los más viscerales insultos? ¿Cuál sería tu respuesta? En todos esos casos mayormente evitamos la confrontación y hemos desarrollado la forma de arreglar el conflicto antes de llegar a reacciones violentas. Pero cuando se trata de niños, no actuamos igual, decimos: ¡bueno! ¡pero es que los niños necesitan un buen correazo a veces para que se pongan las pilas!, ¡de vez en cuando hay que darles duro a esos muchachos para que se enderecen!

Dar gritos y desestimar en público a tu hijo sólo lastima su autoestima, disminuye su poder personal, infundes el miedo y no el respeto, y da un claro mensaje: el maltrato también es amor. ¿Verdad que eso no tiene coherencia? Así como tú irrespetes a tus chamos, así mismo él o ella permitirán que a futuro sus relaciones sentimentales también lo hagan. Eso se llama violencia, y existe mucha literatura al respecto. ¿Ves el origen de esas relaciones tormentosas?

Comprende esto, los niños pequeños tienen una diferencia muy grande con el adulto y es que ellos son netamente emocionales. Si están alegres o molestos te lo demuestran, y lo hacen sin ningún filtro. En cambio, si un adulto está molesto dependiendo de con quién o en donde esté, disimula o lo expresa abiertamente. Así que lo más sano en un episodio de berrinches de un infante es que primero te calmes tú. Respira profundo, baja a su nivel, míralo a los ojos, habla con autoridad y en un tono de voz adecuado, pregúntale qué le pasa y explícale por qué no debe hacer eso. La autoridad no tiene que ver con violencia, tiene que ver con actitud. Lograr que tu hijo reaccione ante una mirada de esas que aprendimos de nuestras madres cuando pequeños, es un aprendizaje, así que no desistas. De pronto en las primeras oportunidades te será difícil dominar este arte, pero créeme, mientras más lo practiques funcionará. Los niños son seres inteligentes no mascotas para domar, si a un ser inteligente lo tratas de esa manera te sorprendera los avances.

@mamaaldia facebook: amoprenatal, amoprenatal@gmail.com

 

 

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