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may 18

El mundo está viviendo una epidemia de cesáreas

 
 
Por
LARA MARÍNEnviada especial Berlín
 
Fuente: elMundo.es
 
Ginecóloga de profesión, Marleen Temmerman (Bélgica, 1953) ha sido médico, investigadora, activista e incluso política. En 1987 se fue a vivir a Kenia, donde pasó años investigando el VIH/SIDA. En 1992 se convirtió en la primera mujer profesora de Ginecología en Bélgica. Dos años después, creó el Centro Internacional para la Salud Reproductiva (ICRH, según sus siglas en inglés). En 2007 fue elegida senadora en el parlamento belga. Desde el año 2012 es la máxima responsable de salud reproductiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS). EL MUNDO charla con ella en Berlín, con motivo de la conferencia internacional She Matters, donde se ha evidenciado que los asuntos relativos a la salud sexual y reproductiva de la mujer se están quedando atrás en la agenda internaciona
Este año vencen los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). ¿Por qué precisamente los que involucraban a las mujeres son en los que menos progresos se han notado?
Esa es una muy buena pregunta, de hecho, es la pregunta clave. A ver, pongamos como ejemplo un tema de salud que no concierna espefícicamente a las mujeres, como puede ser la malaria. No estoy diciendo que sea fácil combatir la malaria, pero sabes lo que tienes que hacer, y sobre todo, cómo hacerlo: está la parte financiera, está el sistema sanitario, está la educación… todo eso. Pero, y esto es lo más importante: nadie se siente violentado con esto. No hay conflictos religiosos o culturales que impidan acabar con la malaria, la tuberculosis o cualquier otra enfermedad.
¿Sí los hay en lo que respecta a la salud de las mujeres?
Sí, porque cuando se habla de salud sexual y reproductiva, en realidad, se está hablando del poder de la mujer, y ese es el quid de la cuestión.
¿O sea, es una cuestión de feminismo?
Sí, pero no me gusta que, actualmente, en muchos países, las mujeres jóvenes consideren que el feminismo va en contra de los hombres, porque no es así. Evidentemente, va en contra de los hombres que dominan a las mujeres, pero no en contra de los hombres en general. De hecho, el feminismo es hoy más necesario que nunca.
El problema con la salud sexual es que, en ocasiones, da la sensación de que se avanza poco en temas tan viejos como, por ejemplo, la salud materna. ¿Podría decirnos alguna novedad que hayan detectado en este campo últimamente?
Nos hemos dado cuenta de que, por supuesto, es importante trabajar en salud prenatal, pero, sobre todo, si de verdad quieres marcar la diferencia y salvar las vidas de las mujeres y sus bebés, hay que invertir mucho más en el momento del parto, porque es ahí donde se pierden las vidas.Tenemos que asegurarnos de que las mujeres dan a luz en un centro sanitario.
Sí, porque sigue habiendo 43 millones de mujeres que no tienen esta posibilidad.
Sí, y esto hay que cambiarlo, porque parir en un centro sanitario es imprescindible. Aunque nos hemos dado cuenta de que tampoco es suficiente. Hemos hecho una investigación con 300.000 centros sanitarios de 30 países y hemos visto que las mujeres siguen muriendo a pesar de estar en un centro sanitario.
¿Por qué?
Algunas veces es porque llegan demasiado tarde, pero otras, es porque la atención no es de calidad y no son atendidas como deberían. Llegan al centro de salud y, en ocasiones, las dejan solas o las tratan con muy poco respeto: les dicen que no lloren o les mandar callar cuando gritan mientras están de parto. Así que ahora nos estamos centrando en cómo podemos mejorar la atención una vez que las mujeres han conseguido llegar al centro sanitario. Otro de los asuntos en el que nos estamos fijando es que la mujer tiene que ser mucho más protagonista en todo el proceso.
¿En qué sentido?
Pues que las mujeres van a dar a luz a su primer, segundo, séptimo hijo, o el que sea; y después, se van a casa y vuelven al tiempo para que vacunen al bebé. ¿Pero qué pasa con la planificación familiar? Todo gira alrededor del niño,¿pero dónde está la madre en el ciudado postnatal? Quizás le gustaría saber que existe la posibilidad de implantarse un DIU inmediatamente después del parto. Toda esta información debe empezar a darse desde el primer momento.
¿Y qué opina de la moda que se ha empezado a dar últimamente en muchos países desarrollados que lleva a muchas mujeres a parir en casa?
Si la mujer está acompañada por una matrona, es bastante seguro. Mi filosofía es que el embarazo y el parto son procesos fisiológicos normales, y por lo tanto, si todo va bien, una mujer podría incluso dar a un luz en un autobús sin la ayuda de nadie. Pero, si algo se tuerce, tanto la mujer como el bebé pueden verse seriamente perjudicados. Así que, si estás pariendo en casa y todo va bien, estupendo. Pero puedes tener un sangrado inesperado y serio. Personalmente, y esto es algo muy personal, no entiendo por qué alguien decide no parir en una maternidad, pero, si lo haces, tienes que asegurarte que estás acompañado por un profesional y que, en cualquier momento, tienes la posibilidad de llamar a una ambulancia y salir corriendo hacia el centro de salud más cercano.
La mayoría de las mujeres que eligen esta opción es porque quieren un parto más natural, respetado
Sí, soy consciente, y es que hay hospitales que están dominados por médicos que le dirán a la mujer que se tumbe y le harán ver que es él quien está al cargo de la situación, y que ella no tiene nada que decir. Pero esto también está cambiando, y cada vez más hospitales respetan las decisiones de la madre. Por eso, las mujeres tienen que hablar son su médico. El problema es que ahora el mundo está viviendo una especie de epidemia de cesáreas.
De hecho, hace pocas semanas, el departamento que usted dirige sugería que las cesáreas sólo deberían hacerse cuando sea "médicamente necesario".
Efectivamente. Desde el año 1985, la recomendación de la OMS es que el porcentaje de cesáreas debe estar entre el 10% y el 15%, porque por debajo del 10% indica que hay una falta de acceso a esta técnica, lo que hace que haya mujeres que mueran por esta carencia. Pero por encima de 15%, no hay beneficios ni para la madre ni para el niño.
Y si no hay beneficios, ¿por qué hay tantas?
Yo creo que es porque hace 20 o 30 años las cesáreas eran una operación peligrosa. Pero ahora se han hecho mucho más seguras: existe la epidural, y hay antibióticos y técnicas quirúrgicas muy buenas. Además, para un ginecólogo es mucho más fácil y rápido hacer una cesárea que un parto vaginal. Yo soy ginecóloga, y si me dices que te haga una cesárea, puedo programártela a las nueve, a las 11, a las cinco… Y después me voy a mi clínica, hago otras operaciones, salgo de trabajar, voy al teatro, tengo mis fines de semana… Sin embargo, en un parto vaginal, una mujer llega a cualquier hora, por el día o por la noche. Y tienes que ver cómo progresa. No es que tengas que estar ahí todo el rato, pero tienes que estar involucrado durante todo el parto. Por lo tanto, es mucho más fácil hacer una cesárea, porque en hora y media está terminada y puedes irte.
¿Existe un número máximo de cesáreas a las que una misma mujer se puede someter?
Sí, aunque los médicos no terminan de ponerse de acuerdo: algunos dicen que son tres, otros que son cuatro… El problema es que la primera cesárea normalmente no supone ningún problema. Pero una vez que te han hecho una, ya tienes una cicatriz en el útero, y esto siempre conlleva más riesgos. De todas formas, en cuanto a cantidad, el riesgo es pequeño: si tienes 100 mujeres que se hayan sometido a tres cesáreas, la mayoría de ellas estarán sanas e incluso podrán tener un cuarto bebé. Pero, cuando hay un problema, es realmente peligroso.
El aborto es otro de los temas que lleva su departamento. ¿Cuáles son las recomendaciones que dan a los países?
La OMS no puede decirle a ningún país lo que puede hacer y lo que no. Lo que sí hacemos es promover el acceso al aborto seguro, porque tenemos los datos de que hay 47.000 mujeres que mueren al año a consecuencia de los abortos inseguros. Por lo tanto, sabemos lo que funciona: está comprobado que los países que han combinado el acceso a los abortos seguros, con la prevención de los embarazos no deseados y con la educación sexual, son los que menos embarazos no deseados tienen. Por lo tanto, lo que decimos es que, si una mujer quiere abortar, deberías darle todas las opciones: la adopción y todas las demás. Pero, si finalmente decide abortar, deberías asegurarte de que puede hacerlo de manera segura. Y es por eso que no me gusta el término pro-vida, porque eso significaría que yo soy anti-vida. Creo que el término anglosajón pro-choice (pro elección) es más adecuado.
Como comentábamos al principio, los ODM están llegando a su fin, y llega el momento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). ¿Cómo se plantean este nuevo calendario para que, esta vez, haya más progresos en salud sexual?
Hay que tener en cuenta que el ODM 5b, el que hacía referencia a la salud sexual y reproductiva, no se puso en la agenda hasta 2007, esto es, siete años después de que se establecieran los ODM. Y esto se consiguió después de años de presión de los investigadores y las mujeres. Así que, ahora, una vez que la salud sexual se ha puesto por fin en la agenda, tenemos que asegurarnos que en los ODS no sólo se sigue este camino, sino que se va más allá. Y creo que hay muchas lecciones aprendidas de estos 15 años: hay que involucrar más a los grupos de mujeres, a la ONU, a los países y a sus políticos. Pero esto es complicado. Imagínate que eres un político en una comunidad conservadora de un país conservador. No vas a ser reelegido si promueves la planificación sexual o el acceso a anticonceptivos para las chicas de 14 años. Por eso, lo que nosotros hacemos es dar datos, evidencias, manuales. El problema es que los políticos tienen su propia agenda.

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